Proclama fundacional del partido Soberanía Democrática
En el día decimotercero del mes de septiembre del año dos mil veinticinco, ante el altar de la Patria y bajo la mirada vigilante de las generaciones que nos precedieron en la lucha, se alza en la ciudad de Don Torcuato el partido Soberanía Democrática. No venimos a pactar con la decadencia ni a administrar las ruinas de un orden corrompido: venimos a encender de nuevo la llama de la virtud cívica que el despotismo y la indolencia han pretendido sofocar en el corazón de cada ciudadano.
Nuestra misión no es otra que reconquistar aquello que el tiempo, la demagogia y los enemigos de la libertad nos han arrebatado: la virtud del ciudadano como fundamento inquebrantable de la República y sus derechos como escudo sagrado frente a toda tiranía. Allí donde el vicio y la apatía han corrompido el espíritu público, nosotros levantamos la bandera de la regeneración. Allí donde los derechos del pueblo han sido pisoteados por la oligarquía, nosotros proclamamos la ley como única soberana.
la historia pertenece a quienes, armados con la espada de la ley y el escudo de la virtud, se entregan sin reservas a la defensa de la voluntad general. Soberanía Democrática no será un partido de cortesanos ni una facción al servicio de intereses privados; será, por el contrario, la trinchera desde la cual el ciudadano recupere su lugar como único detentador legítimo del poder.
Hacemos un llamado a todos los hombres y mujeres de conciencia recta, a quienes aún conservan en su pecho el fuego del patriotismo. Que este 13 de septiembre marque el inicio de una nueva era: la reconquista de la virtud y los derechos del pueblo, o la caída definitiva en la ignominia. Nosotros ya hemos elegido.
¡Viva la Soberanía del Pueblo!
¡Viva la República Democrática!

En homenaje a Nancy Tapia, primera militante del partido y madre ejemplar.
